La NASA improvisa una red gigante con un futón japonés del IKEA de Houston para salvar un telescopio en caída antes de que se queme en la atmósfera

Tres ingenieros con casco blanco esperan en el césped del Centro Espacial Johnson mientras un telescopio cilíndrico cae con estela de plasma sobre un futón colgado a modo de hamaca entre dos torres de comunicaciones

La NASA improvisa una red gigante con un futón japonés del IKEA de Houston para salvar un telescopio en caída antes de que se queme en la atmósfera

HOUSTON. Cuando hace tres semanas el telescopio espacial Marcus VII perdió altitud y entró en trayectoria irreversible hacia la atmósfera, la NASA puso en marcha una operación de rescate sin precedentes. Tres meses de papeleo, doce reuniones interdepartamentales y cuarenta y siete formularios después, la solución elegida ha sido tan astronómica como casera: tender un futón japonés modelo HEMNES de tres plazas entre dos torres de comunicaciones del Centro Espacial Lyndon B. Johnson para amortiguar la caída del aparato de 2,3 toneladas.

«Era el único objeto del IKEA de Houston con la rigidez suficiente y disponible en stock un viernes por la tarde», ha confirmado a esta redacción Marvin Krantz, jefe de operaciones de descenso no programado de la NASA. «Estuvimos a punto de pedir un trampolín de jardín, pero el formulario para autorizarlo lleva pendiente de firma desde 2017».

Tres meses de papeleo y doce reuniones para tomar la decisión

El telescopio, valorado en 1.847 millones de dólares, comenzó a perder altitud el pasado 6 de febrero. La NASA detectó la trayectoria a los siete minutos, pero la respuesta no se autorizó hasta el lunes, después de que el comité de evaluación de riesgos atmosféricos aprobara, por unanimidad, que «caer es una posibilidad real». A partir de ahí, todo fue cuesta abajo, literalmente.

Según las actas internas filtradas a The Houston Chronicle, la propuesta del futón se discutió durante cinco reuniones consecutivas. En la cuarta, un ingeniero sugirió usar una piscina hinchable. En la quinta, otro propuso «esperar y ver qué pasa». Al final ganó el futón porque, según el informe técnico, «ya estaba comprado para la sala de descanso del edificio 14 y no había sido estrenado».

El telescopio alega que no le llegó el correo de evacuación

El propio Marcus VII, que cuenta con una IA conversacional embarcada para fines didácticos, ha emitido un breve comunicado a través de su cuenta institucional en X. «Llevo dos años pidiendo que arreglen mi recepción de email, pero nadie me ha hecho caso», declaró el aparato. «Si me hubieran enviado el aviso al WhatsApp, ya estaría en órbita estable».

Fuentes próximas al telescopio aseguran que el dispositivo había marcado los correos de la NASA como «promociones» tras recibir, en marzo, una newsletter sobre merchandising de la agencia con un asunto que decía «¡No te pierdas nuestras camisetas!».

La OCDE pide explicaciones y propone «un futón internacional»

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ha emitido un informe técnico, sin precedentes, en el que reconoce que el caso del Marcus VII es la primera vez en la historia de la exploración espacial en que un activo público se rescata con mobiliario doméstico. La OCDE ha llegado a sugerir la creación de un Pool Internacional de Mobiliario para Reentradas Atmosféricas, financiado por los 38 países miembros y custodiado en una nave logística de Róterdam.

Bruselas, por su parte, ha aprobado en cuestión de horas una partida de 9 millones de euros para realizar un estudio de viabilidad sobre el uso de tatamis europeos como alternativa al futón japonés, alegando «motivos de soberanía industrial».

Final inesperado: el telescopio lo recoge un Glovo

A las 14:32 hora local, el Marcus VII impactó contra el futón a una velocidad final de 11 metros por segundo. El aparato rebotó tres veces, atravesó una valla publicitaria de Burger King y aterrizó suavemente sobre el césped del aparcamiento del Centro Espacial. Los técnicos celebraron el éxito de la operación durante 12 minutos, hasta que recordaron que debían recogerlo y trasladarlo a un hangar seguro.

Como ningún departamento de la NASA tenía autorizado el uso del furgón de transporte ese día, finalmente se contactó con un repartidor de Glovo, que aceptó la misión por 18,40 dólares y dos estrellas de propina. «Pesa un poco, pero he llevado pedidos peores», declaró el rider. «Una vez tuve que entregar 14 cajas de croquetas a las cuatro de la mañana en el cementerio. Esto es un paseo».

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