El plan de fitness de Ernesto Sevilla provoca que su propio entrenador personal desarrolle todas las adicciones que intentaba combatir
El conocido humorista Ernesto Sevilla sorprendió a sus seguidores el pasado mes de julio al anunciar que había contratado un entrenador personal para “ponerse en forma, dejar los vicios y poder subir unas escaleras sin sentir que escalaba el Everest”. Lo que nadie esperaba era que, apenas dos meses después, el propio entrenador terminase ingresado en una clínica de rehabilitación, exhausto y atrapado en los mismos hábitos que intentaba erradicar en su cliente.
Según fuentes cercanas, la relación entre Sevilla y su entrenador comenzó con buen pie: rutinas de cardio ligero, tablas de ejercicios funcionales y planes de alimentación saludable. “La primera semana fue bien”, explica un vecino del gimnasio. “Pero pronto Ernesto empezó a negociar. Donde debía hacer 20 abdominales, ofrecía 10 a cambio de unas cañas; donde debía beber agua, proponía cerveza sin alcohol, que a la segunda ronda ya era con alcohol. El entrenador, al principio, se lo tomó como parte del show. Luego empezó a beber con él para convencerlo de que no estaba tan malo”.
El resultado fue un progresivo intercambio de roles. Testigos aseguran que Sevilla aparecía cada vez más fresco y sonriente a los entrenamientos, mientras que el entrenador llegaba con gafas de sol y una clara resaca moral. “Al final, Ernesto era el que le decía al entrenador: ‘Venga, tío, échate un rato en la bici estática, que sudar te va a venir bien’”, relata otro socio del gimnasio.
El humorista, por su parte, ha defendido la situación en redes sociales. “Yo quería mejorar mi vida, y lo he conseguido: he dejado de fumar entre semana, solo bebo en eventos importantes como desayunos, y ahora soy capaz de hacer dos flexiones seguidas. Si mi entrenador no ha aguantado la presión, no es culpa mía. La vida es dura, pero yo más”, publicó en X (antes Twitter).
En la clínica donde el entrenador permanece ingresado se han mostrado sorprendidos por el caso. “Normalmente recibimos pacientes que han sucumbido al estrés de su profesión, pero es la primera vez que alguien entra porque un cliente le enseñó a mezclar churros con spinning”, declaró un médico que prefiere mantener el anonimato. Según el parte oficial, el entrenador presentaba una adicción mixta a las tapas, el vermut y las siestas de seis horas.
Los compañeros de Ernesto Sevilla en La Hora Chanante también han opinado sobre la noticia. Joaquín Reyes, visiblemente divertido, comentó: “Esto es muy Ernesto: contratar un entrenador para salvarse y terminar destruyendo la vida de otro. Es casi poesía chanante”.
La situación ha abierto un debate en el mundo del fitness. Varios expertos advierten que trabajar con famosos “puede generar peligros psicológicos graves”. Un informe ficticio de la Universidad de Albacete sostiene que “los humoristas son capaces de convertir un gimnasio en una tasca en menos de tres semanas, especialmente si el entrenador tiene la tentación de reírse en vez de imponer disciplina”.
Mientras tanto, Sevilla asegura que está en su mejor momento físico. “Peso lo mismo que hace dos meses, pero ahora lo llevo con estilo. Además, mi nuevo entrenador es un sacerdote: dice que el ayuno intermitente es lo mismo que la Cuaresma, y con eso me vale”, declaró entre carcajadas.
No se descarta que, en un futuro próximo, Netflix produzca una serie documental sobre el caso bajo el título provisional El método Sevilla: cómo hundir a tu entrenador en 60 días.

















